Soy colorista. Desde hace unos años trabajo como etalonador para proyectos de publicidad, videoclips y cortos(cambiar por ficción), algo que me apasiona. Sin embargo, dedicarme a esta profesión me ha provocado auténticos quebraderos de cabeza a la hora de explicarle a gente ajena del sector audiovisual en qué consistía mi trabajo. Cuando he dicho alguna vez “soy colorista”, he llegado a recibir respuestas tan sorprendentes como “¡Qué bien! Tengo una boda este fin de semana y estaba buscando uno para teñirme el pelo!” o “pero, entonces ¿te ganas la vida coloreado con rotuladores de colores?” o mi favorita: “¿pero eso no sale ya de cámara?

Después de tantas respuestas (cada cual más original, debo reconocer) venía el momento en el que intentaba explicar que realmente mi día a día no tenía nada que ver con lo que ellos tenían en mente. Con palabras muy neutras y simples, intentaba explicar lo que hago de la manera más simple posible, ya que, reconozcámoslo, no tienen porqué entender la jerga audiovisual. Pero, debo reconocer, que la mayoría de veces fracasaba en el intento, ya que la siguiente reacción que leía en sus caras eran ojos perdidos en el horizonte pensando: ¿Porque le habré preguntado? ¿Si sonrío pensará que lo he entendido y dejará de intentar explicarlo?

En qué consiste el trabajo de un colorista audiovisual

Lejos de lo que pueda pensar la gente, un colorista audiovisual se encarga de llevar a cabo el proceso técnico de transformación del color de la imagen, desde lo más aproximado a cómo se rodó, hasta aplicar una visión más artística para mejorar la pieza.

Como podéis apreciar en las fotografías A, B y C hay una evolución: De la A a la C hay un cambio de saturación, contraste y modificación de los colores.

Estas tres fotografías representan el proceso que sigue el colorista a la hora de tratar un proyecto. En el primer frame (A), tenemos una imagen desaturada y descontrastada, es decir, aquí encontramos un “lienzo en blanco” donde podemos trabajar la información “en bruto” hasta llevarlo al punto que más te interesa para trabajar el color. Y, esto, en palabras técnicas significa que estamos ante una imagen logarítimica.

En el segundo frame (B), es cuando empezamos a tratar la imagen. Aquí adaptamos (o normalizamos) la imagen logarítmica al espacio de color en el que vas a trabajar (709, P3 o ACEs).” Es decir, modificamos el contraste y la saturación hasta aproximarlo a la “realidad”.

En el tercer frame (C), pasaríamos a trabajar de una forma más artística. Aquí aplicaríamos lo que sabemos sobre teoría del color para transmitir un sentimiento o un por qué, hasta llegar al resultado final que buscamos.

Además de todos los procesos técnicos que debe controlar un colorista audiovisual, es muy importante que sepa mirar a través de los ojos del cliente, del director y del director de fotografía. Éste debe entenderlos, comprenderlos y saber transmitir y plasmar toda esa información a la pieza audiovisual, modificando el color y aportándole un rigor profesional que aporte calidad al proyecto final.

¿Qué tipo de trabajos hace un colorista?

El abanico de trabajos que realiza un colorista audiovisual es muy amplio: pasan desde spots de publicidad, cortos o videoclips, hasta películas. Vamos, podríamos afirmar que la mayoría de lo contenidos que consumes diariamente en TV, Internet y en el cine, han pasado por un tratamiento de color.

De hecho, desde que las tecnologías han avanzado con distintas formas de grabación y conforme han salido al mercado nuevas cámaras (más asequibles) que dan un rango de color mayor, los proyectos audiovisuales se están multiplicando. Y son todos estos proyectos los que están demandado (aún más) la necesidad de contar con un especialista del color que controle el proyecto y que sepa llevar a cabo este proceso para aportar valor y no alterar el significado de la pieza.

Como consecuencia de esta gran cantidad de proyectos que requieren coloristas, los que nos dedicamos al color debemos actualizarnos y formarnos casi diariamente para controlar en todo momento nuestras herramientas y softwares especializados. Algunos de ellos son Davinci Resolve, Mistika… aunque de esto ya hablaremos en profundidad en otros artículos. Además de los programas, debemos controlar las tendencias del sector, tener nociones básicas de iluminación, cámara, montaje, VFX e incluso pintura.

Como has podido comprobar, la profesión de un Colorista Audiovisual es totalmente distinta a lo que se suele pensar: No tiene nada que ver con el color del pelo ni a manualidades con pinturas. Si te interesa el sector, te animo a que te quedes por el blog y, además, que me sigas en Instagram, ya que ahí es donde suelo subir trabajos recientes y algunos significados del color que pueden gustarte. ¡Nos leemos en el próximo artículo!